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2026 #1 – El Eco Inmutable: Canciones en el Reino de los Sueños

¿Aluna vez te has despertado con una melodía resonando en tu interior, una canción que  acompaña desde el otro lado del velo del sueño?

Para mí, las canciones en los sueños son verdaderas mensajeras, un llamado directo a la conciencia que nos recuerda nuestra verdad esencial. Es un fenómeno que siento íntimamente conectado con la búsqueda de lo inmutable, aquello que resiste la ilusión.

Esta función de la música se manifestó con una claridad impactante en una de mis experiencias oníricas, un sueño que titule «Terminó el Tiempo del Sacrificio » (11 dic 2023).

En este sueño, me encuentro viajando entre dos realidades, plenamente consciente del tránsito y de lo que sucede en ambas. La confrontación central llega cuando mi hija me avisa que mis padres están cerca, pero mi intuición, mi «saber,» me grita que no son ellos. Cuando suben y se sientan con nosotros, puedo ver su verdadero ser, y como un mantra digo una y otra vez: «ustedes no son ellos».

Y aquí es donde la canción interviene como mi ancla, mi voz de la conciencia y escucho una y otra vez esta parte de una canción del Plan de la Mariposa: «eso que nunca va a cambiar, eso que va a permanecer dentro de mi alma». Esta melodía se convierte en mi certeza, un sostén que afirma una verdad profunda e inalterable frente a la máscara de la falsedad. 

Es la frecuencia de mi alma que repele la impostura hasta que, ante mi energía, el varón de mi sueño colapsa como electrocutándose, y su disfraz se cae. Esta  canción en mi sueño es la vibración de mi autenticidad que disuelve la mentira.

El colapso de la ilusión permite el salto: escapamos de esa dimensión o realidad, y un grupo de nosotros termina en la playa, jugando en el mar de noche, todos vestidos de color claro, caminando al sur, al ritmo de una canción muy bonita.

 

En este nuevo plano, de mayor ligereza y comunidad, surge la siguiente lección. Un niño viene corriendo, cayéndose, jugando libremente, pero los demás le indican cómo debe caminar, imponiéndole un ritmo. La conciencia me impulsa a proteger esa libertad. Siento que esta gente, en apariencia libre y relajada, también es una mascara.  Tomo de la mano al niño, y mi respuesta es musical: hago otra voz que armoniza con  la canción que sonaba, y que a la vez va acompañando su ritmo, el ritmo natural del niño.

Cuando un viejo se acerca y me mira con la expectativa de que yo deba «enseñarle al pibe ‘como hacerlo bien,'» mi mensaje, mi llamado a la conciencia, brota con firmeza:

«yo no estoy de acuerdo con esto. Déjenlo que camine como quiera, cantando lo que quiera. ¡Ya pasó el tiempo de sacrificio»

La canción en este sueño fue triple: la certeza inmutable, el ritmo de la libertad y el mensaje explícito.

En mi experiencia, las canciones oníricas son el lenguaje del inconsciente que ha encontrado una frecuencia pura para comunicarse. Son fragmentos de melodías (o melodías completas) que, más que ser recordadas, son reconocidas como un código que resuena con nuestra verdad más profunda, ofreciendo consuelo, guía o, como en este caso, una declaración de soberanía. Son, sin duda, la banda sonora de nuestra evolución interior.

cv vero

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